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Juan Zurita. OVERWRITE.


Juan Zurita (Aguaviva, Teruel 1975), se graduó en Arte en la Escola Massana en el 2001 y pocos años después en Artes Plásticas y Diseño en la Universidad Autónoma de Barcelona. En el 2005 obtuvo el primer premio de pintura del Gobierno de Aragón, y desde entonces ha obtenido numerosos premios y reconocimientos a nivel nacional que consolidan su trayectoria como artista plástico, sin duda con una prometedora proyección internacional por delante. En esta ocasión nos presenta en la Galería A del Arte de Zaragoza, su exposición: Overwrite.

El título, Sobrescribir, hace referencia a la acción de escribir encima de lo que subyace, sin duda nos evoca una nueva etapa artística. Su obra siempre se ha caracterizado por la plasmación de una estética postmoderna, atractiva, seductora, siempre bañada de colores vibrantes. En esta ocasión da un paso más allá, dibuja encima de lo existente, escribe una nueva historia.

Su proceso creativo parte del registro videográfico para posteriormente tratar la imagen digitalmente, realiza el viraje y posterizado de los colores, diluyendo los perfiles y mezclando los campos cromáticos hasta llegar a generar casi la abstracción. De estos vídeos primigenios extrae fotogramas a modo de instantáneas de la vida cotidiana y los traslada al lienzo, donde comienza un meticuloso proceso artístico. La utilización de los medios digitales dan paso a fragmentaciones de las figuras, procesos de modificación de la imagen derivados de nuestro ojo viciado a lo tecnológico.
No es fácil identificar su técnica a primera vista ya que se trata de pinturas realizadas al óleo, ejecutadas con una pulcritud que las asemejan asombrosamente a impresiones mecánicas. Sobre el fondo figurativo aparecen formas que se asemejan al pixel y líneas que parecen haber sido dibujadas con el ratón del ordenador. La nitidez del trazo nos puede llevar al engaño visual, se trata de la maestría de un artista conocedor de la técnica, que la controla y encauza hacia su propio objetivo: la plasmación de lo real, una realidad postmoderna. Y es que Zurita ha conseguido el dominio de la técnica llevándola hacia su intención estética, lúdica y colorista, que nos es transformada en impulso digital.

Su obra denota la estética de la sociedad más actual, el poder de la imagen y las políticas de consumo que nos arrollan. El “parámetro” de estética social impuesto parece un imperativo, Zurita juega con la percepción visual y su significado, indudablemente los Mass media han modificado nuestro código de percepción en relación al efecto-afecto que los medios masivos de comunicación han generado sobre el sujeto, sin duda una reflexión crítica de nuestro style of life. Como dijo Lipovestky: es el fin de la cultura sentimental, el fin del “happy ending”.

La estética de Zurita nos revela cómo el status de participación individual se diluye en un modo global de existencia, donde el anonimato nos tiñe de un color neutro, fundiéndonos con el fondo urbano en el que nos instalamos como pseudo protagonistas. Tal vez se trata de un modo de rebelión contra la homogeneidad, lo anodino, para remarcar lo anecdótico, llamarnos la atención y despertarnos del letargo cultural y social en el que estamos sumergidos. En sus cuadros el flujo de tiempo parece haberse detenido, todo permanece estático aunque la imagen vibra con fuerza. Una realidad atractiva, seductora, deseable, pero que repentinamente resulta ser tachada por lo que parece el trazo de alguien que quisiera transmitirnos su censura, la negación de lo visual, de lo estético para hacernos retrotraer el pensamiento a la crítica de lo que vemos.

La serie Blue & red hace referencia a la idea de la sociedad de consumo que penetra hasta disolvernos en el fondo del paisaje urbano, al igual que se diluyen los perfiles, se disuelve nuestra identidad en esa masa casi monocroma que supone el paisaje humano que conforma las ciudades. El cromatismo vira al azul y al magenta, dejando intuir figuras que se han difuminado hasta casi fundirse con el fondo, se diluyen los contornos, a modo de metáfora plástica de una realidad palpable. Altos tacones y cortas minifaldas se multiplican, casi clones de una identidad colectiva, donde el individuo pierde su nombre propio para ser un simple nombre común.
Plasma cómo la estética cobra un papel sobrevalorado en la sociedad, se trata del rostro del capital, vendemos imágenes de nosotros mismos, escasea la singularidad sobre el monocromatismo general. Nos asemejamos a los modelos identitarios, y es que la globalización “globaliza” todo, hasta a nosotros mismos. Se trata de la  fragmentación del ser, el espejismo virtual de lo que somos que se refleja en el otro, casi idéntico, mimetizado. 

En la serie Delete las obras pictóricas están inspiradas en la creciente tensión social, de la cual se ha gestado la idea generalizada y subyacente de que todo lo que nos rodea se pone en duda, buscando el modo de corregir, censurar, suprimir, garabatear, rechazar, rayar y tachar. Pero no podemos dejar de mirar más allá, en el fondo, aquello que se nos oculta para desvelarse por pequeños huecos delimitados, intencionados, que nos dejan entrever lo que ha sido siempre la temática artística del autor, la ciudad. Realiza un juego visual metafórico con la cancelación de zonas específicas, dejando entrever otras para reclamar nuestra atención.

En esa masa de color homogénea donde todos estamos sumergidos, aparece la censura remarcada, lo que se quiere esconder, o por el contrario la abertura de un hueco que se abre a modo de ventana en la maraña de líneas que entorpecen la visión del fondo. Ambivalencia entre el acto de ocultar y remarcar, entre la mentira y la verdad, sin duda el reflejo de una realidad incierta en la que no sabemos bien qué creer ni a quien, la infoxicación de los medios, y cómo el engaño mediático nos lleva a la desconfianza absoluta, a la suspicacia. Sin duda una crítica y un reclamo al cambio.

Overwrite consiste en la superposición de imágenes fragmentadas. En esta serie las figuras dejan de ser claramente discernibles, unos contornos se superponen sobre otros, las figuras dejan de ser tan evidentes y la sobrescritura de unas imágenes sobre otras es la tónica. Debemos sin duda volver a escribir nuestra historia, reinventarla. Nuestras vidas aparecen estéticamente digitalizadas, como si se tratara de ciencia ficción, el pixel aparece como tono rítmico que da cierto carácter de constancia vital, actual. Tal y como afirma Susan Buchk-Morss: El mundo-imagen es la superficie de la globalización. Surge en la postmodernidad una nueva cultura basada en la imagen-superficie, no importa lo que está debajo, lo que subyace, se efectúa socialmente la cristalización de una estética hedonista de si misma. Del mismo modo la obra de Zurita constituye un espejismo virtual de lo real.

Fast move es el título de la grabación fílmica que nos presenta el autor, no por casualidad el vídeo es la herramienta de donde extrae los fotogramas para sus pinturas, una captación robada de la realidad. En este caso el video es el fin en sí mismo, lo modifica, haciendo que la interferencia, el pixel de la imagen, se acentúe, se agrande y adquiera protagonismo, sin duda una creación de colorimetría y ritmo, unido al sonido, que crea esa sensación de vértigo urbano que Overwrite nos quiere transmitir.

La obra de Juan Zurita es estéticamente bella, pero hay que ir más allá, transmite esa belleza hegueliana que hay que saber interpretar. Esta exposición constituye una reflexión autocrítica de lo que nos han hecho creer y de lo que queremos construir, la pintura de Zurita, además de atractiva y seductora, tiene más de una lectura, por ello es importante detenerse y mirar, observar y analizar el por qué se hace el silencio sobre tanto ruido visual. Su obra constituye una llamada de atención, un reclamo a nuestra mirada, a nuestro pensamiento, a nuestra visión crítica, para dejar de ser autómatas.

Carlota Santabárbara



 ©2014 Juan Zurita Benedicto